martes, enero 16

El hipopótamo que quería ser jirafa - Lectura Comprensiva

Lectura y Comprensión. Es un texto pensado para niños de Infantil.


Nuestra propuesta es que los papás le lean el cuento y, para asegurarnos que lo entiendan, le hacemos unas preguntas que os proponemos a continuación.

el-hipopotamo.que-queria-ser-jirafa-lectura-comprensivaCuento

Popo es rechonchete. Sus patas son cortas y gorditas. Sus orejas son pequeñas y redondas. Su boca es aplastada y grande. Su cuello parece no existir. Es lento y torpe. 



Fifa es espigada y esbelta. Sus patas son largas y delgadas. Sus orejas son rectas y puntiagudas. Su boca alargada y pequeña. Su cuello parece no tener fin. Es ágil y veloz.

 
el-hipopotamo.que-queria-ser-jirafa-lectura-comprensivaPopo se pasa las horas mirando a Fifa. La mira como come de los árboles, como se pasea con ligereza por la sabana, como estira su largo cuello. 

Él come pasto del suelo, se pasea con sosiego por la llanura y se esconde en las sucias aguas.


¡Como le gustaría ser como ella!


Fifa quiero ser como tú - dijo Popo con tristeza.


¿Cómo yo?  - dijo Fifa muy sorprendida.


Sí, me gusta tu cuello largo, tus patas finas, comer de los árboles, correr muy rápido -dijo Popo con lágrimas en los ojos.


A mi me encantaría sumergirme en el agua. No tener que estirarme para comer. No ir siempre con prisas. Estar más regordeta. - dijo Fifa con admiración.

 
Pipo y Fifa se miraron sonriendo y dijeron a la vez : Yo quiero ser como tú.


Ambos amigos se reían a carcajadas al darse cuenta de todo lo bueno que tenían cada uno. Alto o bajo, delgado o regordete, rápido o lento, cuello largo o cuello corto, comer en el suelo o en el árbol, correr por la tierra o sumergirse en el agua. Cada uno tenía sus propias cualidades y eran maravillosas.


Desde ese día, cuando Popo y Fifa comprendieron lo especiales que eran cada uno, vivían felices, reían, comían, jugaban y disfrutaban juntos por las praderas africanas.


Preguntas de Comprensión propuestas:

¿Cómo se llamaba hipopótamo? ¿Qué era Fifa?  ¿Cómo son las orejas de Popo? ¿Cómo eran las patas de Fifa? ¿Quién tenía el cuello más largo? Popo es ______________ y _____________ mientras Fifa es ágil y veloz. ¿Qué come el hipopótamo?  ¿A quién le gustaría parecerse a Popo?  ¿Y a Fifa? ¿Qué aprendieron Popo y Fifa?  ¿Dónde jugaban estos dos amigos?


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jueves, enero 11

El camino de vuelta de los Reyes Magos - Matemáticas

Matemáticas. Es un texto pensado para niños de Infantil y primeros años de Primaria.

Nuestra propuesta es que los papás les lean el cuento y visualicéis juntos el vídeo para hacer, con vuestros hijos, unos ejercicios de matemáticas.

Cuento

el-camino-de-vuelta-de-los-reyes-magos-matematicasSiempre que se habla de nosotros se piensa en nuestra llegada. Hay canciones que hablan de nuestra llegada, los niños celebran y esperan ansiosos que lleguemos, en los Portales de Belén se representa nuestra llegada...pero, y de la vuelta, de nuestro regreso a casa...¿alguien piensa en ello?


Pues hoy nosotros os lo vamos a contar. ¿Cómo?¿Qué quienes somos? Ah, claro, jajaja, que no nos hemos presentado. Pues somos Gaspar, Baltasar y yo soy Melchor. ¿Nos recuerdas? Eso es, somos los tres Reyes Magos.


Queremos compartir con vosotros nuestra aventura, nuestro regreso a casa y lo que nos ha pasado.



Los camellos estaban un poco cansados, la noche del reparto de regalos había sido larga y fría y, por eso, decidimos utilizar nuestros poderes para regresar más rápido. Gaspar dijo las palabras mágicas e inmediatamente los tres nos encontramos a pocos kilómetros de casa, ya en el desierto.



De pronto, mi camello se puso muy nervioso, empezó a saltar y girar y salió corriendo. Gaspar y Baltasar me siguieron hasta que los animales pararon dentro de una montaña de arena. Miramos a nuestro alrededor sorprendidos y desorientados. Estábamos en un lugar oscuro, frío y de extraño olor. Había muchos niños, todos vestían de negro y estaban tristes, muy tristes.



Como había poca luz, Baltasar sacó de su turbante un gran linterna para iluminarnos. Miramos asombrados todo lo que nos rodeaba, casa negras, cielo negro, suelo negro, y niños muchos niños, todos vestidos de negro y tristes muy tristes. Nosotros, con todos los lugares que hemos visitado, nunca jamás habíamos visto ninguno así. Allí nadie reía, ni saltaba, ni jugaba…



Nos acercamos a uno de los niños y le dijimos:



- Hola, ¿cómo te llamas?



- ¿Yo?, no lo sé, no tengo nombre, aquí nadie tiene nombre.



- ¿No tenéis nombre? ¿Y entonces cómo os llama vuestra mamá a comer o vuestro papá para recoger los juguetes o vuestros amigos cuando quieren que vayáis a jugar?



- ¿Mamá, papá, juguetes? No sé que son esas cosas, aquí no hay nada de eso.



Los tres nos quedamos sin palabras. Nosotros veníamos de estar toda una noche repartiendo regalos para todos los niños y, resulta, que estos ni siquiera tenían un nombre, un papá o una mamá.



Cuando pasado unos minutos Gaspar recuperó la voz dijo:



- Baltasar, Melchor, tenemos que hacer algo. Tenemos que utilizar nuestra magia para que estos niños tengan un regalo.



- Me parece muy buena idea - dijo Baltasar.



- A ver niños, poneros en cola, una detrás de otro, y venid a pedirnos cada uno lo que queráis, lo que más os guste, queremos dejaros un regalo, igual que hemos hecho con los demás niños del mundo, para que estéis contentos y felices.



Cuando se acercó la primera niña dijo:



- Hola, yo no se quién sois, ¿qué es un regalo?



- Un regalo - dijo Gaspar - es algo que te apetece mucho tener y que nosotros, como somos los Reyes Magos, te daremos como muestra de cariño y como premio por ser una niña tan buena.



- Claro, nos puedes pedir, cualquier cosa, lo que más te guste, somos los Reyes Magos, podemos regalarte lo que quieras - dijo Baltasar.



La niña reflexionó un poco y dijo:



- Quiero una familia para todos los niños que hay aquí.



Los tres Reyes nos miramos sorprendidos, la niña no había pedido una muñeca, ni una bicicleta, ni un puzzle...Pero hicimos nuestra magia y de inmediato todos los niños y niñas tenían una familia.



El siguiente niño de la cola dijo:



- Quiero un nombre para cada uno de los niños que hay aquí.



De inmediato le concedimos el deseo.



- Quiero - dijo la siguiente niña de la cola - que podamos ver el sol, el cielo, la luna y las estrellas.



De nuevo, los tres, con nuestra magia, abrimos la oscura montaña para que entrara la luz.



- Quiero, quiero - dijo el siguiente niño - quiero...pues ya no se que más pedir, tengo familia, tengo un nombre que me distingue de los demás y tengo la naturaleza. Ya no hay nada más que se pueda pedir.



Aquellos niños y niñas sonreían sin parar, saltaban y bailaban al son de una música que sólo se oía en sus corazones. Nosotros, Gaspar, Baltasar y yo, seguimos nuestra camino contentos de que, ahora sí, todos los niños habían recibido su regalo.

Te apetece ahora jugar un poco con los Reyes Magos y las matemáticas, pues mira este vídeo:



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martes, enero 9

El traje de brillos - Grafomotricidad

Lectura y Comprensión. Es un texto pensado para niños de Infantil y primeros años de Primaria.


Nuestra propuesta es que los papás le lean el cuento y hagan con ellos unos ejercicios de grafomotricidad .


Cuento:
el-traje-de-brillos-grafomotricidad
Hoy te voy a contar un cuento muy especial, distinto a cuántos te hayan contando nunca. Voy a hablarte sobre mi, sobre cómo hice que cambiara completamente mi aburrida y desesperante vida. Yo soy un vestido. Sí, como lo oyes, soy un vestido.

Vivía colgado de una fea percha de plástico dentro de un viejo armario de madera marrón. Estaba desesperado y harto de estar allí, de no hacer nada, de que nunca pasara nada.
Hasta aquel día, aquella mañana todo cambió para mi. ¿Quieres conocer mi historia? Pues presta atención.

Era un frío día de invierno, se oía mucho ruido en la casa, todos parecían estar muy atareados y felices. El ropero dónde yo estaba, se abría y se cerraba sin parar y de él salían y entraban ropa de todo tipo. Pantalones, faldas, camisetas, rebecas, vestidos...todos parecían estar de fiesta, todos menos yo.

Nadie parecía darse cuenta de mi presencia, nadie me cogía, nadie quería ponerme...Entonces pensé que tenía que saber por qué, a lo mejor en vez de esperar que pasaran las cosas tenía que ser yo quién buscara el problema y le diera una solución.

Respiré hondo, me solté de la vieja percha y salí de aquel agujero. No sabía que hacer, por dónde empezar, necesitaba un poco de tiempo para pensar. Mientras andaba reflexivo por la habitación con la cabeza baja vi en un espejo un vestido sucio, roto y descuidado. 

- ¡Qué horror! - exclamé en voz alta - ¿Tu quién eres?, ¿Por qué no te cuidas un poco?

- Eres tú - dijo una voz de la otra parte de la habitación.

- ¿Yo? - respondí con tono dudoso.

- Antes eras un precioso vestido de brillos, eras un traje de fiesta elegante, distinguido, exquisito ...No había persona en el mundo que no te quisiera - volvió a decir la voz.

- No lo recuerdo, ¿de verdad? - contesté mirando hacia donde salía la voz - Pero mira cómo estoy, así es normal que nadie me quiera.

- Te abandonastes, pensastes que eras tan especial y fantástico que ni tenías que cuidarte y que, además, no necesitabas que nadie te ayudara a hacerlo - continuó la voz.

- Es cierto - dijo otra voz - Eras orgulloso, pedante y soberbio. Estabas seguro de que eras imprescindible y que todos tendrían que aceptar tus desmanes, tus caprichos y tus groserías.

- Pero...¿qué ha pasado? Miradme... - dije con voz llorosa - así no valgo para nada.

- Pues haz algo, no te quedes ahí mirando, lloriqueando y lamentándote. Tú y sólo tú puedes encontrar una solución. Hoy es Nochebuena, todos los vestidos estarán en la fiesta. Si quieres solucionar tu problema, tal vez hoy, sea el día perfecto - Replicó otra voz.

- ¿Quienes sois? - pregunté intrigada.

- Yo soy las perlas.

- Yo soy la purpurina.

- Yo soy las joyas.

- Yo soy el hilo de oro.

Me quedé callado, asimilando lo que estaba pasando. Entonces tomé una decisión.

- Si quiero recuperar mi vida, si quiero volver a ser un apreciado vestido de fiesta debo aceptar que necesito de los demás, necesito hilo, brillos, perlas, joyas, tela de sedas, encajes...

- ¿Estás diciendo que nos necesitas? - dijo la purpurina.

- Pues sí, me acabo de dar cuenta que por muy espectacular que sea necesito de los demás, y que pedir ayuda es de inteligentes. ¿Sabéis por qué? - pregunté entusiasmada.

- Pues porque hay cosas que no se pueden hacer solos - Replicó el hilo.

- Exacto. Estas Navidades he recibido el mejor regalo del mundo, he aprendido dos cosas muy importantes - Contesté feliz.

- ¿Dos cosas? ¿Cuáles son? - preguntaron intrigadas las telas de seda.

- Pues te lo cuento: Uno, que hay que tomar conciencia de cuáles son los problemas para buscar una solución y dos, que siendo agradecido y colaborando se consigue mucho más que siendo orgulloso y prepotente.

Mis amigos y yo nos pusimos a trabajar y aquella Nochebuena disfruté de la fiesta radiante, luminoso, jubiloso, brillando no sólo por fuera sino también por dentro, feliz, satisfecho y sintiéndome muy afortunado. 

Ahora, después de escuchar mi historia, podemos hacer juntos unas fichas. ¿Te apuntas? Pincha en el vídeo.


miércoles, diciembre 20

La Leona Doro - Grafomotricidad

Lectura y Comprensión. Es un texto pensado para niños de Infantil y primeros años de Primaria.


Nuestra propuesta es que los papás le lean el cuento y hagan con ellos unos ejercicios de grafomotricidad para ayudar a la leona Doro.
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Cuento

La leona Doro, era una preciosa cachorra de león. A la leona Doro le gustaba pasear por la selva, sentir el sol en su cara, respirar el olor de las flores, rascarse en los troncos, subir a los árboles. A Doro, le divertía jugar con el elefante bebé, correr con el tigre, ir con su mamá a buscar comida....

La leona Doro admiraba mucho a su mamá, su fuerza, su paciencia, todos los días aprendía de ella como buscar comida, como cuidar de los demás cachorros. Cuando crezca, pensaba Doro, le gustaría ser como ella pero, con la cabellera de su papá león, era una "lata" eso de que las leonas no tuvieran melena. 

- Doro - le decía siempre su mamá - debes tener siempre mucho cuidado cuando pasees por la selva.

- Tranquila mamá, soy mayor y se cuidarme sola - le contestaba siempre la pequeña Doro antes de alejarse corriendo por la sabana.

Le encantaba vivir allí, se sentía bien, feliz, no lo cambiaría por nada del mundo.

Y así, alegre, satisfecha y radiante pasaban los días para la leona Doro. Hasta que un día, jugando con Cata, una cachorro de pantera negra, escucharon un fuerte ruido. Era extraño, en aquella parte de la selva siempre había mucho silencio. 

- Vámonos de aquí Doro - le dijo prudentemente su amiga Cata.

- Quiero saber qué es ese estruendo. Vamos a asomarnos - contestó Doro.

- No, yo no voy, no se lo qué es y mi mamá me ha dicho que tenga mucho cuidado, me voy a casa a buscar a mi papá y mi mamá y ellos que lo vean - replicó Cata.

La leona Doro, de forma imprudente, hizo oídos sordos a los consejos de sus papás y de su amiga, y se adentró sola en la selva en busca del origen del escándalo.

Doro llegó a un descampado y se encontró de bruces con unos hombres y unas asombrosas máquinas, se quedó tan extasiada con el espectaculo que no se dio cuenta de que se acercaban a ella hasta que era demasiado tarde. Una persona alta y fuerte la agarró con firmeza. La leona Doro rugía tan alto como podía. Estaba aterrada, temblaba de miedo, le horrorizaba que la acariciaran, la tocaran y la manosearan. Doro se defendía con uñas y dientes pero no podía soltarse de las manos de aquellos hombres.

En un momento, el que la tenía cogido, aflojó las manos distraído y la leona Doro aprovechó para salir despavorida de allí. 


Llegó a su casa horrorizada, aterrada. Como pudo le contó a sus papás lo que le había pasado y el susto tan grande que había vivido. Su mamá la cogió entre sus patas, la lamió y la tranquilizó. Cuando después de un buen rato, la leona Doro se relajó dijo:

- Nunca más volveré a salir a la selva, nunca más volveré a jugar con Cata, nunca más me alejaré de mi mamá, nunca más seré curiosa, nunca más....

- Doro - le dijo su mamá con voz tranquilizadora - No es necesario que te quedes siempre en casa, hay que salir, jugar, correr, vivir aventuras y experiencias, pero hay que ser muy prudente. Lo que no tienes que hacer es ir sola a lugares que no conoces, o acercarte a personas que no sabes quienes son o dejar que te toquen o te acaricien desconocidos.

La leona Doro, aún con el susto en el cuerpo, prometió a su mamá que sería más prudente a partir de ese momento. Doro entendió que no hay que vivir con miedo porque entonces no se puede disfrutar de tantas y tantas cosas buenas y bonitas que se pueden ver, sentir, oler o investigar, pero que hay que hacerlo con sensatez y precaución. Doro no quería perderse ninguna aventura pero tampoco quería volver a sentir como unos desconocidos la agarraban y la manoseaban.

Al día siguiente, la leona Doro, jugaba con la pantera Cata, el elefante Tete y el tigre Lulu en la sabana, feliz como siempre lo habían hecho. Y, cuando al anochecer vieron como unos desconocidos se acercaban a ellos, Doro y todos sus amigos se alejaron de allí en busca de sus papás y sus mamás.


Como aquella experiencia no le había gustado nada a Doro, decidió dos cosas: Una, que haría caso de lo que le había dicho su mamá y dos, que aprendería una ruta rápida para llegar a su casa lo antes posible cuando tuviera prisa. 

Si quieres ayudar a la leona Doro a aprender un camino para llegar siempre pronto y veloz a casa puedes hacerlo en este vídeo:


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lunes, diciembre 4

Las botas de dormir - Lectura y Comprensión

Lectura y Comprensión. Es un texto pensado para niños de Infantil y primeros años de Primaria.


Nuestra propuesta es que los papás le lean el cuento y, para asegurarnos que lo entiendan, le hacemos unas preguntas que os proponemos a continuación.

Cuento:
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Nosotros tan sólo eramos un par de calcetines. Unos calcetines rosas, suaves, gruesos y calentitos. Unos calcetines de invierno, de esos como los que tú tienes. Nadie nos daba mucha importancia, pasábamos desapercibidos la mayor parte del tiempo.

No sabíamos como podíamos llamar la atención, a veces nos dabamos la vuelta para enseñar nuestras costuras, otras nos quedabamos muy mojados cuando salíamos de la lavadora y en alguna ocasión, incluso, mi hermano, el calcetín del pie izquierdo, se escondía. Pero...nada de eso servía para nada, siempre había alguien que nos ponía del derecho, que nos secaba y que encontraba a mi hermano sin darnos más importancia.

Estábamos hartos de todo esto, queríamos otra cosa, queríamos, queríamos...no sé muy bien lo que queríamos. Hasta aquel día, aquel día en que todo cambió.

Yo estaba apoyado en el respaldar de una silla y observaba el trasiego de gente, de platos, de vasos y cubiertos que había en la casa. Por lo que decían era Navidad. Todos parecían muy contentos, se saludaban y estaban muy elegantes.

Me distraje mirando la ropa de todas las personas que estaban entrando y, de pronto, las vi. Eran altas, morenas, con un precioso pelo y unos maravillosos broches de brillos. Eran sensacionales, simplemente perfectas.

Así quería ser yo. No quería ser un calcetín rosa y calentito, quería ser unas elegantes botas rosas. Me sentía satisfecho, feliz y encantado de lo que acababa de decidir. Me convertiría en unas distinguidas botas altas y lo haría ya.

Me bajé del respaldo de la silla y busqué brillos, cordones y tapas de zapatos por toda la casa, fue un trabajo duro y laborioso pero me merecía la pena. Estaba entusiasmado con mi idea, esperanzado de que nuestra vida iba a cambiar en pocos minutos, cuando pasara de ser unos calcetines a unas preciosas botas de vestir.

Cuando ya tenía todo los materiales necesarios, me subí al sofá para cambiar nuestro aspecto y, entonces, empezaron las complicaciones. Me di cuenta, por ejemplo, que no podía pegar los brillos porque no tenía manos o que no me quedaba rígido como eran las botas.

En ese momento empezó a apoderarse de mi la frustración. ¿Que qué es eso? Pues seguro, seguro que a ti también te ha pasado alguna vez. Me sentía enfadado, triste, rabioso, irritado. No soporto que no me salga algo, no tolero no conseguir lo que quiero y, sobre todo, no me gusta nada, pero que nada, tener que esperar...

Pues esa noche, cuando me di cuenta que no podía ser, que no podía ser las botas que yo quería, empecé a gritar, a llorar, a patalear... Todas las personas de la habitación se dieron la vuelta a mirarme. Estaba dando un espectáculo espantoso. 

Después de un buen rato, poco a poco, me fui calmando y dejé de chillar, ya convencido, de que eso no me estaba llevando a ninguna parte.

Empecé a pensar que por mucho que alzara la voz, tirase las cosas o patease, mi problema no se solucionaría. Cuando me relajé, alguien se acercó a mi y me dijo:

- ¿Qué te pasa? ¿Tan grave es para ponerte de esa forma? ¿No te das cuenta que así no solucionas el problema sino que te irritas, te sofocas y además no consigues que nadie te ayude?

Yo había dejado de berrear pero seguía enfadado, muy enfadado y no me apetecía escuchar a nadie diciéndome lo que tenía o no tenía que hacer, pero aquella persona siguió hablando sin importarle mis sentimientos.

- Cuando tienes un problema, si no puedes solucionarlo tú solo, se puede pedir ayuda, se puede expresar lo que sientes, se puede explicar por qué estás enfadado, pero alterándote no consigues nada - continuó diciéndome - ¿Qué es lo que te pasaba?

- Quiero ser unas botas altas, unas elegantes botas rosas y no unos calcetines, y lo quiero ahora mismo - contesté.

Me miró con una sonrisa cálida y tranquilizadora y me explicó algo que no olvidaré en mi vida. Primero me dijo que no hay que ser diferente de lo que uno es, que hay que ver cuáles son las virtudes, las cosas buenas que uno tiene y potenciarlas.

- ¿Sabes qué los calcetines son muy importantes para los pies? Sin ellos no se podrían poner las botas encima - me dijo.

Segundo me hizo entender que las soluciones a los problemas no siempre son inmediatas, que a veces se tarda algo de tiempo, que en otras ocasiones hace falta pedir ayuda y que algunos asuntos, ni siquiera, se pueden resolver pero, que en cualquiera de los casos, siempre la respuesta, el apoyo y el remedio se encuentra expresando con palabras las emociones, los sentimientos y las necesidades.

- ¿Tu sabes ponerle nombre a eso que has sentido, eso que ha hecho que te pongas como una fiera? - me preguntó.

Yo negué con la cabeza.

- Frustración, ese es el nombre del sentimiento que has vivido.

Entonces, mi nuevo amigo, me cogió en brazos, me colocó en los pies de una niña, metió por dentro su pijama y me dijo:

- Ya está, ya eres unas botas, unas botas de noche, unas botas de dormir.

Me sentía feliz, satisfecho de la solución y con la seguridad de que nunca más me comportaría así cuando sintiera frustración.

Si quieres asegurarte de haber entendido el cuento puedes divertirte con este vídeo y contestar las preguntas.



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miércoles, noviembre 29

El pingüino Dino - Matemáticas

Matemáticas. Es un texto pensado para niños de Infantil y primeros años de Primaria.

el-pinguino-dino-matematicasNuestra propuesta es que los papás les lean el cuento y visualicéis juntos el vídeo para hacer, con vuestros hijos, unos ejercicios de matemáticas.

Cuento

El pingüino Dino estaba muy emocionado por la llegada de la Navidad. Llevaba todo un año esperándola. ¿Tú también? ¿Te encanta la Navidad? Claro, por las luces, los regalos, la decoración de tu casa y de tu clase, ¿verdad?.Pues a Dino no le importaban todas esas cosas.

El pingüino Dino no necesitaba regalos, le daban igual los Reyes Magos y Papá Noel, no quería mantecados, ni turrones, ni vacaciones, ni villancicos, ni grandes comilonas...Dino esperaba la llegada de la Navidad porque en esas fechas vendría su gran amiga.

Dino tenía una amiga muy especial, era blanca, sencilla, natural, se divertía con ella, jugaba con ella, lloraba con ella, se contaban sus cosas y se comprendían mutuamente. 

Para el pingüino Dino era muy especial, no la cambiaría por nada, pero sólo la podía ver en Navidad. Por eso, para Dino, esta época del año era la mejor. Desde que terminaba una Navidad hasta que llegaba la siguiente tachaba en el calendario los días, impaciente, por ver a su amiga.

Y por fin llegó, por fin hoy es 24 de Diciembre. El pingüino Dino se abrigó y se sentó en el frío umbral de la puerta de su casa a esperar la llegada de su gran amiga. Para que el tiempo se pasara más rápido durante la espera, Dino, se distrajo jugando con figuras geométricas.



Mientras el pingüino Dino esperaba pasó por allí la jirafa Anina que lo invitó a su cumpleaños.

- No puedo moverme de aquí, estoy esperando a mi amiga - le dijo Dino.

También pasó por allí la ratita Maribel que le propuso ir al parque antes de que empezara a hacer más frio.

- No puedo moverme de aquí, estoy esperando a mi amiga - repitió Dino.

Pocos minutos después le saludó el burrito Beni que le sugirió jugar un ratito a contar fruta.

- No puedo moverme de aquí, estoy esperando a mi amiga - insistió Dino.

Le saludó también el cocodrilo Paco que le prometió que si lo acompañaba vivirían una aventura completamente nueva.

- No puedo moverme de aquí, estoy esperando a mi amiga - reiteró Dino.

Así, de esta forma, se pasó el pingüino Dino la mañana. No quiso irse con ningún otro amigo, ni jugar con nadie, ni hacer ninguna otra cosa, tan sólo quería seguir esperando hasta que, como cada Navidad, llegara su amiga.

Y, de pronto, cuando ya Dino estaba apunto de entrar en casa a almorzar, la vio llegar. Allí estaba, tan blanca, tan suave...la nieve había llegado.

- Holaaaa - gritó Dino con entusiasmo.

- Holaaa Dino - le contestó ella.

- ¿Cuánto te he echado de menos? No tenía con quién jugar - le recriminó Dino -¿Por qué no vienes más a menudo para poder divertirnos?

- Sabes Dino - le dijo con voz dulce su amiga la nieve - a mi me encanta jugar contigo, me gusta hacer muñecos de nieve, me gusta que hagas figuras de animales conmigo, me gusta hacer pelotitas...me lo paso muy bien y me divierto tanto como tú. Pero, ¿no crees que no hacer nada más que esperar durante todo el año es aburrido?¿Te das cuenta de todo lo que te pierdes?

El pingüino se sorprendió de que su amiga le hablara así y la miró extrañado.

- Si lo único que haces es esperar a que pase el tiempo no estás disfrutando del presente. Por ejemplo, hoy mientras estabas sentado esperando has perdido la oportunidad de entretenerte, jugar y divertirte con Anina, Maribel, Beni, Paco y otro montón de amigos que estaban deseando de estar contigo.

- Bueno, eso es cierto, pero no quería que por irme con ellos no pudiera verte a ti - contestó Dino con el ceño fruncido.

- Pero ¿crees que dejar de jugar con unos amigos por esperar que venga otro que ni siquiera sabes si llegará es una buena idea? A ver, piénsalo un poco.

- ¿Qué pienso? - dijo Dino con terquedad.

- Suponte que yo no hubiera podido venir este año. Entonces, habrías perdido mucho, pero que mucho tiempo esperando algo que no ha llegado. Mientras que si disfrutas de los amigos que realmente están aquí, contigo ahora, habría sido mucho más divertido - insistió pacientemente la nieve.

- Quizás tengas razón - contestó Dino en tono dudoso.

- Dino, la amistad es muy importante y por eso hay que cuidarla.

- ¿Cómo se cuida la amistad? - preguntó intrigado Dino.

- Pues dedicándole tiempo, jugando con tus amigos cuando te lo piden, abrazándolos cuando lo necesitan y, en definitiva, queriéndolos cada día. 

El pingüino Dino había comprendido lo que le había explicado su querida amiga la nieve y, sin esperar ni un momento, se fue a buscar a esas personas que estaban siempre a su lado, que le esperaban para estudiar, para jugar, para reír y para llorar. Sus amigos.

miércoles, noviembre 22

El reno Quique - Grafomotricidad

Lectura y Comprensión. Es un texto pensado para niños de Infantil y primeros años de Primaria.


Nuestra propuesta es que los papás le lean el cuento y hagan con ellos unos ejercicios de grafomotricidad de la mano del reno Quique

Cuento:
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El reno Quique está muy orgulloso de su papá. Su papá se llama Rudolph, es uno de los renos que ayudan a Papá Noel a repartir los regalos en Navidad. Es un trabajo muy importante, el más importante del mundo, pensaba el reno Quique.

Quique quería ser como su papá, muy responsable, se tomaba muy en serio su trabajo, siempre iba feliz y contento cuando Papá Noel lo llamaba... El reno Quique presumía constantemente de su papá y se reía del trabajo de los papás de sus amigos.

Muchas veces, el reno Quique, hacía llorar a sus amigos porque se burlaba de ellos cuando contaban qué hacían sus papás y sus mamás. A los que trabajaban en una oficina les decía que estaban paliduchos, si eran fontaneros o albañiles les decía que si tenían fuerza para coger las herramientas, si conducían les decía que si no sabían ir más rápido, los que trabajaban en casa les decía que si no sabían salir a la calle, los que eran maestros o profesores les decía que no podían enseñar nada porque no habían visto el mundo...el reno Quique tenía una frase desagradable para todas las profesiones.

Eran mucho los días que llamaban al papá y a la mamá del reno Quique desde el colegio para darles las quejas del comportamiento de su hijo. Sus papás estaban muy disgustados. Habían hablado con Quique en multitud de ocasiones, les habían explicado que todas las profesiones eran importantes, pero el reno Quique seguía comportándose igual.

Entonces su papá, Rudolph, tubo una gran idea. Le pidió a Papá Noel que dejara que Quique viese el mundo desde arriba, desde todo lo alto, que diese un paseo en el trineo y observase.

El reno Quique estaba eufórico, se sentía el más poderoso, nunca antes un reno tan joven se había paseado en el trineo de Papá Noel. Estaba entusiasmado, emocionado, nervioso y feliz con la experiencia. Ninguno de sus amigos había vivido algo así, podría reírse de todos ellos en el cole mañana mismo.



Cuando el trineo empezó su recorrido por el cielo, el reno Quique, se quedó impresionado. ¡Qué bonito! ¡Como se veía todo desde allí! Era espectacular. Su papá, entonces le dijo:

- Mira Quique,¿ves ese edificio?, ¿es tu colegio?

- Sí, que chulada - dijo con alegría Quique.

- Para que exista ese edificio han tenido que trabajar en él arquitectos, aparejadores, albañiles, fontaneros, pintores, electricistas, carpinteros, transportistas, cristaleros, gruistas y seguro que se me olvida algunos más. Para que, por ejemplo, un pintor pueda hacer su trabajo alguien tiene que trabajar en una tienda de pinturas y venderle los materiales. Para que se pueda vender la pintura es necesario fabricas para elaborarla. Para que se pueda elaborar esa pintura otros han tenido que estudiar cómo hacerla y enseñar a otros. Y, por supuesto, para que todos ellos puedan trabajar es imprescindible comer, por lo que es necesario que otros trabajen haciendo las comidas...

El reno Quique miraba impresionado a su papá.

- Y esto es sólo un ejemplo, Quique, ves todo lo que se puede observar desde aquí, desde lo alto, pues para cada cosa que ves, cada edificio, cada campo sembrado, cada parque o cada coche es necesario la colaboración de muchos profesionales, que directa o indirectamente, trabajamos unidos para formar todo esto que ves. Si faltara alguna profesión todo lo que conoces no sería posible.

- Vaya, no lo había pensado nunca así, papá - dijo el reno Quique avergonzado.

- Todos somos imprescindibles, todos nos necesitamos los unos a los otros, porque no sería posible que uno sólo pudiera hacerlo absolutamente todo. Por eso, Quique, no puedes olvidar la importancia de respetar siempre lo que hacen los demás, se dediquen a lo que se dediquen - concluyó el papá de Quique - ¿Has comprendido lo que quiero decirte?

El reno Quique se quedó muy pensativo. Estaba triste porque no había sabido valorar el esfuerzo de los demás y la importancia de lo que cada uno hacía. Ahora entendía que cada uno aportaba lo que sabía hacer o lo que le gustaba hacer y que todos merecían el mismo respeto que su papá. 

Al día siguiente el reno Quique pidió perdón a todos sus amigos por haberles faltado el respeto a ellos y a sus papás y mamás y decidió que esas Navidades no sólo echaría una mano a su papá Rudolph en el trineo de Papá Noel, sino también a su seño que se esforzaba para enseñarles a leer, al papá de Nora que elaboraba una gran cantidad de dulces para esos días, a la mamá de Juan que tenía mucho follón en la tienda, al papá de Carla que organizaba el alboroto del tráfico, a la mamá de Iván que tenía que asegurarse de que la iluminación de todas las calles estuviera perfecta  y a todos aquellos que con cariño y esfuerzo hacían que las Navidades fueran posible.

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